sábado, 5 de noviembre de 2016

La triangulación como método para determinar la autenticidad del Corán



LA TRIANGULACIÓN COMO MÉTODO PARA DETERMINAR LA AUTENTICIDAD DEL CORÁN

Por: Said Abdunur Pedraza

La triangulación es un método que ya era empleado en la antigüedad para medir distancias y tamaños de objetos. Tales de Mileto usó la triangulación para medir la altura de las pirámides de Egipto en el siglo VI a. e. c., utilizando triángulos para medir la longitud de las sombras de las pirámides y la de su propia sombra como referencia. Pero ya en el segundo milenio a. e. c., este método quedó registrado en un antiguo papiro egipcio[1].

La triangulación fue inicialmente una serie de métodos geométricos para determinar posiciones de puntos, medidas de distancias o áreas de figuras poligonales (en especial las irregulares)[2]. Estos métodos fueron introducidos a la Europa medieval a través de España[3] gracias al aporte de los estudiosos musulmanes que desarrollaron el astrolabio y la trigonometría[4], la que dio paso al desarrollo de la triangulación geodésica, cuyos principios siguen siendo utilizados hoy día para determinar la ubicación de un punto utilizando GPS.

La definición de triangulación depende del tipo de investigador que recurra a ella. Para un topógrafo, triangular es señalar diversos puntos en un terreno considerándolos vértices de un triángulo, para así fijar las posiciones relativas y distancias exactas de dichos puntos en un plano. En medicina, la triangulación asegura que los indicios derivados de análisis clínicos apuntan a una misma dirección interpretativa, hacia la cual deben dirigirse los tratamientos. En auditorías empresariales y en el peritaje arquitectónico, la triangulación permite establecer el estado de salud financiera de la empresa auditada o poner precio a un terreno o inmueble. Y en criminología, la triangulación consiste en una serie de técnicas de contraste de testimonios y pruebas que permiten reconstruir los hechos, clarificar las motivaciones detrás de los delitos e imputar responsabilidades[5].

A mediados del siglo XX se introdujo la triangulación en las ciencias sociales en el mundo occidental, si bien las técnicas de triangulación han sido utilizadas por los eruditos en las ciencias islámicas desde hace más de mil años, para garantizar la autenticidad y validez de los registros históricos de la vida y obra del profeta Mujámmad, y de la cronología de la revelación del Corán y su contexto.

La triangulación en la investigación fue definida por Denzin como “la combinación de dos o más teorías, fuentes de datos, métodos de investigación, en el estudio de un fenómeno singular”.[6] El uso de cualquier tipo de triangulación permite visualizar un problema desde diferentes ángulos, aumentando la validez y la consistencia de los hallazgos, y disminuyendo la posibilidad de malos entendidos, al producir información redundante que esclarece los significados y verifica la repetibilidad de una observación[7].

Para verificar la autenticidad del Corán, podemos realizar una triangulación de datos, que básicamente consiste en la búsqueda de diferentes fuentes de datos que, si el Corán es auténtico, deben confluir en un todo coherente. No es del ámbito de este documento hacer un estudio completo, sino más bien, proporcionar información suficiente para que se entienda cómo la triangulación nos sirve para demostrar que el Corán es auténtico. Para ello tomaremos, de forma resumida, cuatro fuentes de datos:

1.       Transmisión oral del Corán.
A diferencia de las demás escrituras sagradas, que han estado ocultas siempre o durante buen tiempo, conocidas solo por sacerdotes o líderes, en idiomas ajenos a los de sus seguidores, etc.[8], el Corán desde el inicio ha estado a disposición y en conocimiento del público. En la cultura árabe, la transmisión oral ha sido de vital importancia desde la antigüedad, de modo que los árabes ejercitan su memoria desde niños y han sido capaces de transmitir su historia, genealogía y creencias de forma oral sin fallas.

Cuando el profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga), que era analfabeta, comenzó a recibir la revelación del Corán, empezó a recitarla a sus seguidores en círculos cerrados, y luego, a toda la gente en lugares públicos. A lo largo de 23 años, el Corán fue revelado poco a poco y el profeta iba recitando todo lo que ya había sido revelado más las nuevas revelaciones[9]. Durante ese tiempo, la gente que lo escuchaba se aprendía de memoria partes del Corán, y algunos se lo aprendieron todo completo[10]. El contenido del Corán nunca fue secreto, y tanto musulmanes como enemigos del Islam escuchaban a diario su recitación cuando los musulmanes la hacían de viva voz durante sus oraciones[11], y cuando el Profeta la transmitía en público.

Al morir el profeta, miles de musulmanes se sabían de memoria el Corán completo tal y como él lo había recitado, y todos los demás se sabían de memoria al menos algunas partes del mismo[12]. De ese modo, no una persona, ni un pequeño grupo de personas, sino toda una generación de musulmanes transmitió de forma oral el Corán a la siguiente generación, y así se ha continuado hasta la actualidad. Hoy en día, cientos de miles de personas en todo el mundo recitan el Corán completo de memoria durante el mes de Ramadán, en público, cada año. En cientos de escuelas y universidades de decenas de países, miles de niños, jóvenes y adultos estudian a diario el Corán para memorizarlo y recitarlo correctamente, de la forma en que era recitado por la primera generación de musulmanes. Las personas que viajan por países de mayoría musulmana, escuchan a diferentes recitadores pronunciando exactamente las mismas palabras en árabe en diferentes partes del mundo. Si estás un fin de semana en una mezquita de Egipto, a la semana siguiente en una de Indonesia, y a la semana siguiente en una de México, en todas escuchas el mismo texto coránico que has escuchado recitar toda tu vida en, digamos, Pakistán, o que escuchaste alguna vez en un CD que te regaló un musulmán.

El hecho de que muchos recitadores de hoy en día hayan aprendido el Corán de un maestro, que lo aprendió de otro, y así sucesivamente en una cadena ininterrumpida que llega hasta el mismísimo profeta Mujámmad, y que muchos otros recitadores hayan aprendido el mismo Corán, palabra por palabra exacto, de otros maestros en otras cadenas también ininterrumpidas y que también inician con la recitación que hizo el profeta Mujámmad, es en sí mismo una triangulación de datos[13], en la que diversas fuentes confluyen en un mismo y único mensaje, que confirma que el Corán que se recita hoy en día es idéntico en todo sentido al que fue recitado por el profeta Mujámmad.

2.       Transmisión escrita del Corán.
El profeta Mujámmad[14] (que Dios lo bendiga) era iletrado, no sabía leer ni escribir. Por lo tanto, no existe ningún manuscrito de su puño y letra. Sin embargo, desde que comenzó a recibir la revelación del Corán, el profeta recitó lo que le era revelado y lo que había sido revelado anteriormente, primero en círculos cerrados de sus seguidores, y poco tiempo después, en público ante amigos y enemigos.

A medida que el profeta recitaba el Corán, aquellos de sus seguidores que sabían leer y escribir iban poniéndolo por escrito en diversos medios: cuero, hojas de palma y hueso. El profeta designó también escribas que pusieran por escrito lo que Dios le estaba revelando a través del ángel Gabriel (la paz sea con él). Uno de esos escribas fue Uzmán (que Dios esté complacido con él), un hombre rico y culto con una bellísima caligrafía, y quien se convertiría en el tercer califa o dirigente de los musulmanes, tras la muerte del profeta.

Al morir el profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga), el Corán estaba ya registrado por escrito en su totalidad, pero no se encontraba en forma de libro, sino que estaba en varios manuscritos con diferentes caligrafías, y en una multitud de fragmentos. El primer Califa o sucesor del profeta como gobernante de los musulmanes, fue Abu Báker (que Dios esté complacido con él), quien había sido uno de los escribas que puso por escrito el Corán en vida del profeta. Durante su gobierno, muchos musulmanes murieron en batalla, entre ellos una buena cantidad de memorizadores del Corán. Los líderes de los musulmanes temieron que, de continuar esa situación, podría llegar el día en que hubiera demasiado pocos memorizadores que pudieran garantizar la transmisión del Corán de forma íntegra y exacta. Se decidió, en consecuencia, poner el texto coránico en forma de libro, a fin de preservarlo. Zaid ibnu Zábit, el principal escriba del profeta, fue designado para llevar a cabo la tarea de compilar el Corán en forma de libro[15]. Zaid había escrito el Corán bajo la estricta supervisión del profeta, y lo había aprendido de memoria, de modo que podría haberlo escrito él mismo en forma de libro. Pero, a fin de garantizar que la versión en libro del Corán fuera absolutamente exacta y auténtica, recurrió a la triangulación de investigadores, en la que se emplean múltiples investigadores que recurren a múltiples observadores.[16] De ese modo, Zaid encabezó un comité de compañeros del profeta, que habían escuchado y memorizado (en todo o en parte) el Corán de labios del propio profeta. Los miembros de este comité se dedicaron a buscar y recopilar todos los escritos dispersos que contenían texto coránico, no limitándose únicamente a los que habían sido realizados por los escribas oficiales del profeta. Para que un texto fuera incluido en el libro final, debía haber sido puesto por escrito en presencia del profeta (que Dios lo bendiga) y debía ser verificada su autenticidad con el testimonio de al menos dos compañeros del profeta que hubieran escuchado dicho texto de boca de él mismo[17].

El resultado final fue estudiado y aprobado unánimemente por los escribas del profeta, memorizadores del Corán y otros de los sajaba (compañeros del profeta). El libro aprobado, pues, fue el resultado de un proceso de triangulación que garantizó que nada fue añadido, suprimido ni alterado en la Palabra de Dios revelada al profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga). Este libro, terminado apenas 2 años después de la muerte del profeta[18], fue guardado celosamente, de modo que no fuera destruido ni modificado parcial o totalmente en modo alguno. A dicho libro se le conoce como musjaf (compendio de escritos de la revelación en un solo libro).

Doce años después de compilado el Corán en un solo libro, el tercer califa de los musulmanes, Uzmán (que Dios esté complacido con él), que también había sido uno de los escribas del profeta y sabía de memoria el Corán entero, encargó al mismo Zaid ibnu Zábit que tomara el musjaf e hiciera varias copias exactas del mismo, a fin de distribuirlas a las diferentes provincias del ya vasto territorio islámico. Nuevamente, Zaid empleó a algunos compañeros que habían escuchado y aprendido el Corán de boca del profeta, para garantizar que las copias fueran todas idénticas y no fuera alterado en una sola letra el texto coránico. El musjaf original fue nuevamente guardado y las copias oficiales fueron distribuidas, a fin de evitar que textos adulterados fueran presentados a los nuevos musulmanes como si fueran el Corán real. De este modo, se estandarizó una única versión del Corán escrito, que es conocida como el Corán uzmaní.

Entonces, el Corán fue completamente puesto por escrito durante la vida del profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga), compilado en forma de libro dos años después de su muerte, y copiado y distribuido catorce años después de muerto el profeta. De esas copias que fueron distribuidas por el territorio islámico, se sabe que existe una, preservada en el Museo de la Ciudad de Tashkent en Uzbekistán, Asia Central, y autenticada por el Memory of the World Program de la UNESCO. En el Museo de Topkapi en Estambul, y en Dar ul Kutub en Sultaniya, Egipto, existen otras copias antiguas del Corán uzmaní, que se considera son también parte de ese grupo de primeras copias que ordenó hacer el califa Uzmán[19], y una reproducción de una de esas copias está en la Biblioteca de la Universidad de Columbia en Estados Unidos.

El Instituto Koranforschung de la Universidad de Münich, Alemania, antes de ser destruido por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, había reunido más de 42.000 copias antiguas completas o parciales del Corán durante una triangulación temporal de más de 50 años, cuya conclusión fue que no había variantes entre las diferentes copias, que databan de diversas épocas de la historia islámica[20]. Esto, sumado al hecho de que el Corán impreso hoy en día con técnicas modernas contiene el mismo texto, letra por letra, que se encuentra en las copias antiguas preservadas en los museos, es prueba suficiente de que el Corán no ha sido adulterado en modo alguno en más de 1.400 años.

En conclusión, las técnicas de triangulación de investigadores utilizadas para compilar el Corán en un solo libro, y luego para copiar el Corán y distribuirlo; la triangulación de datos y la triangulación temporal que han llevado a cabo varios estudiosos en la historia para comparar el texto del Corán publicado en diferentes épocas, y la comparación directa del Corán actual con los manuscritos más antiguos existentes, haciendo triangulación de datos entre dichos manuscritos, son prueba suficiente de que el Corán, tal y como es leído y recitado en árabe por los musulmanes de todo el mundo, es auténtico: es palabra por palabra idéntico al que recitaba el profeta Mujámmad en vida. Sin embargo, aún hay más evidencias de ello.



3.       Registro de la vida y obra del profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga).
Como se explicó con respecto a la transmisión oral del Corán, el pueblo árabe ha sido cultor de la memoria desde la antigüedad, y en tiempos del profeta era muy común que la gente se aprendiera rápida y fácilmente una poesía con solo escucharla una vez. Igualmente, existían personas que sabían de memoria la genealogía de sus caballos y de sus camellos. Debido a que los árabes estaban divididos en tribus, y la pertenencia a la tribu era lo más importante para ellos antes de la llegada del Islam, conservar un registro exacto de la genealogía de cada persona era algo fundamental para sus vidas, y no faltaban expertos en esa área.

De modo que, al iniciarse la profecía de Mujámmad, resultó natural para sus seguidores memorizar sus actos y dichos, llevando un registro de la vida y obra del profeta para poder seguir su ejemplo. Estas memorias también comenzaron a ser puestas por escrito en vida del profeta, y pocos años después de su muerte se completaron grandes compilaciones de dichas memorias, en lo que se conoce como el Jadiz.

La suna es el ejemplo de vida que nos dio el profeta (que Dios lo bendiga), y el jadiz es el registro escrito de la suna[21]. Los musulmanes procuramos seguir el ejemplo del profeta, pues él siempre vivió de acuerdo a las normas de Dios y, por lo tanto, imitarlo a él nos garantiza acercarnos a Dios. Mujámmad, al igual que Noé, Abraham, Moisés, Jesús y todos los demás profetas (la paz sea con todos ellos), nos mostró cuál es el camino recto (la forma de vida correcta) que debemos seguir. El camino de los profetas es la verdad, y solo del profeta Mujámmad tenemos un registro completo, detallado y minucioso de todo lo que dijo e hizo en vida.

El jadiz fue recogido en diferentes épocas por diferentes eruditos musulmanes, y revisado una y otra vez a lo largo del tiempo por otros eruditos que corroboraron su veracidad. De este modo, cada dicho y hecho registrado del profeta (que Dios lo bendiga) ha sido verificado y clasificado de acuerdo a diversos criterios de autenticidad y validez. Estos procesos se han llevado a cabo con técnicas de triangulación de datos, triangulación espacial, triangulación temporal, triangulación de investigadores y triangulación metodológica[22]. Es decir, prácticamente todas las técnicas de triangulación han sido aplicadas una y otra vez para garantizar la autenticidad del Jadiz. De este modo, tenemos la garantía de que los jadices que han sido declarados auténticos a lo largo de los últimos 1.400 años por los eruditos del Islam ortodoxo (sunismo), son plenamente confiables y nos dicen con exactitud palabras y actos del profeta.

Ahora bien, lo que estamos tratando de hacer es una validación de la autenticidad del Corán, ¿qué tiene que ver el Jadiz con eso? La respuesta nos la da un jadiz auténtico recopilado por Al Bujari, en el que se registra que a Aicha (que Dios esté complacido con ella), la esposa del profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga) se le preguntó: “¿Cómo era el carácter del Mensajero de Allah?” Ella respondió: “Su carácter era el Corán.”[23]

Lo que nos dice este jadiz, es que todo lo que hacía y decía el profeta Mujámmad estaba acorde con el Corán. El profeta puso en práctica el Corán en todos los aspectos de su vida. Y debido a eso, no hay conflicto alguno ni contradicción entre los jadices auténticos y el Corán. Los jadices que han sido validados como auténticos a lo largo de la historia islámica, fueron recopilados por diversos eruditos del Islam en diferentes épocas, entre ellos, Al Bujari, Múslim, Ibnu Máyah, Tirmidi, An Nasai, Abu Dawud, Málik, An Nawawi y otros. Al hacer una triangulación de datos entre cada una de estas fuentes y el Corán, nos encontramos con que el Jadiz y el Corán forman un conjunto coherente, lo que confirma que el Corán no solo es auténtico, sino que es viable, pues el profeta Mujámmad era un ser humano y vivió según las instrucciones y enseñanzas coránicas[24].

4.       Registro de la vida y obra de los compañeros del profeta Mujámmad (que Dios esté complacido con ellos).

El mensaje del Corán cambió el curso de la historia, y transformó por completo el mapa geopolítico de Asia, el Norte de África y parte de Europa, en apenas los primeros 50 años desde el inicio de la revelación[25]. Las tres primeras generaciones de musulmanes, llamadas en conjunto los salaf, vivieron, gobernaron y difundieron el Islam por el mundo con un apego estricto a las normas y enseñanzas coránicas y al ejemplo del profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga). Transmitieron el Corán de forma oral y escrita, y transmitieron las enseñanzas del profeta no solo de manera oral y escrita, sino con su propio ejemplo. Muchos de ellos fueron grandes personalidades históricas, y el registro de sus vidas, hecho por diferentes autores, nos muestra cómo vivieron y cómo practicaron el Islam. Los musulmanes consideran que, después del Corán y el Jadiz, el ejemplo de los salaf es una fuente importante de conocimiento sobre cómo se aplica correctamente el Islam a la vida diaria, cómo se construye una sociedad verdaderamente islámica, y cómo se debe preservar el mensaje del Corán.

El estudio de las vidas de los salaf, incluyendo a las esposas del profeta[26], los cuatro califas rectos[27] y los cuatro imames fundadores de las escuelas de jurisprudencia islámica[28], se constituye en una combinación de triangulación de datos y triangulación de investigadores, que nos confirma que las primeras generaciones de musulmanes se esforzaron en vivir según las mismas normas y enseñanzas que los musulmanes de hoy en día aprenden del Corán y de la suna del profeta Mujámmad, tal y como los encontramos registrados en la actualidad.

Hasta aquí, hemos visto qué es la triangulación y estudiamos brevemente cuatro fuentes de datos para realizar una triangulación de datos con ellas, que nos permita verificar la autenticidad del Corán que conocemos en la actualidad. Vimos también que cada una de esas cuatro fuentes, a su vez, ha sido corroborada a través de una o más técnicas de triangulación, al punto de que cada fuente, por sí misma, es garantía suficiente de que el Corán que podemos leer hoy día en árabe, es exactamente el mismo que le fue revelado al profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga), sin adulteraciones de ningún tipo.

En consecuencia, es de esperar que, si realizamos una triangulación de datos entre esas cuatro fuentes, el resultado sea que coinciden de manera coherente.

Como ya se dijo anteriormente, no es del ámbito de este documento realizar el estudio concienzudo de la autenticidad del Corán aplicando las técnicas de triangulación, pues el espacio no lo permite. Por lo tanto, describiré brevemente cuál es la lógica de la triangulación y cuál es su resultado. El lector tiene la capacidad y libertad de realizar el procedimiento completo para corroborar la veracidad de este resultado.

En resumen: Dios le reveló el Corán al profeta Mujámmad (que Dios lo bendiga) a lo largo de 23 años, durante los cuales el profeta fue recitando en público lo que le era revelado, y al mismo tiempo, fue aplicándolo a su vida y enseñando a sus seguidores a vivir de esa misma manera. Al morir el profeta, los musulmanes sabían de memoria el Corán en parte o en su totalidad, y los escribas del profeta lo habían puesto por escrito. Al mismo tiempo, los musulmanes se preocuparon por registrar la vida y obra del profeta, y por vivir siguiendo ese ejemplo. De tal modo que hoy en día no solo contamos con el Corán transmitido de forma tanto oral como escrita, sino que también contamos con un registro muy completo de los dichos y actos del profeta y de las primeras generaciones de musulmanes, que vivieron de acuerdo al Corán.

Al hacer la triangulación de estas cuatro fuentes, lo que encontramos es, por un lado, que el texto coránico que ha sido transmitido oralmente de generación en generación en cadenas ininterrumpidas de memorizadores, es idéntico palabra por palabra al texto que podemos leer en la versión impresa del Corán en la actualidad, que a su vez es idéntica palabra por palabra al texto de los manuscritos coránicos antiguos que se encuentran preservados en varios museos. Y por otro, que ese texto coránico no entra en conflicto en modo alguno con las vidas del profeta y de los primeros musulmanes. Es decir: las vidas de todos aquellos que se esforzaron en vivir de acuerdo al Corán, tal y como lo conocieron de boca del mismo profeta o de sus compañeros más cercanos, son consistentes con el texto del Corán tal y como lo conocemos hoy en día. Eso significa que cualquiera que hoy en día procure llevar una vida acorde a los preceptos y enseñanzas del Corán y de la Suna tal y como se encuentran registrados en la actualidad, llevará una vida similar a la que, según los registros, llevaron los salaf. En consecuencia, las enseñanzas, los mandatos y las normas establecidos en el Corán y en la suna auténtica del profeta Mujámmad, son hoy los mismos que sirvieron de guía a los primeros musulmanes hace 14 siglos.

Es evidente que, si alguien hubiera intentado modificar en lo más mínimo el texto coránico, tendría que haberlo cambiado en todas las copias impresas, en las memorias de todos los memorizadores, en todos los registros de la vida del profeta, y en los registros de las vidas de los salaf. Una tarea por completo imposible, máxime si tenemos en cuenta que el Islam se dispersó muy rápidamente, y en el vasto territorio islámico, que en medio siglo ya era mayor a la extensión del Imperio Romano en sus mejores tiempos, se distribuían copias del Corán de manera masiva, y se vendían en gran cantidad de librerías donde podía conseguirse una gran variedad de textos, gracias a un ejército de copistas, en su mayoría mujeres, que producían libros en grandes cantidades, en la misma época en que Europa vivía el oscurantismo.

El hecho de que la transmisión oral del Corán, la transmisión escrita del Corán, la transmisión escrita de la vida y obra del profeta en el Jadiz, la transmisión oral de la suna del profeta entre las primeras generaciones de musulmanes, y la transmisión escrita de las vidas de muchos de esos primeros musulmanes, conformen un conjunto coherente, que es lo que se denomina el Islam verdadero u ortodoxo (sunismo), es prueba contundente de que el Corán que podemos leer hoy día en impresiones modernas del musjaf en idioma árabe, es 100% auténtico, libre de toda corrupción o adulteración. También es prueba suficiente de que un verdadero musulmán es aquel que vive el Islam en su cotidianidad, en la forma en que fue conocido, entendido, enseñado y aplicado por los primeros musulmanes, en particular por las esposas del profeta, los cuatro califas rectos y los fundadores de las cuatro escuelas de jurisprudencia islámica (que Dios esté complacido con todos ellos).

Si tenemos en cuenta que el Corán contiene muchas evidencias de que no pudo ser escrito por ningún ser humano, y que su procedencia definitivamente es divina[29], entre otras cosas porque contiene información científica que solo fue descubierta con la tecnología del siglo XX[30], el hecho de que podamos corroborar su autenticidad nos asegura que el Corán es 100% Palabra de Dios sin ninguna intervención del ser humano. Y el hecho de que una fuente que nos garantiza su autenticidad es el registro de las vidas de los primeros musulmanes, nos asegura que el Corán es 100% viable, aplicable a la vida de cualquier ser humano y que, por lo tanto, no es una utopía: Podemos realmente conocer la Palabra de Dios y vivir de acuerdo a ella.

Te he revelado el Libro que contiene todas las explicaciones, el cual es guía, misericordia y albricias para los que se someten a Dios. (Corán 16:89)

Por último, Dios mismo nos asegura en Su Palabra que el Corán es Su Revelación y que Él la mantendrá intacta hasta el fin de los tiempos. Por lo tanto, corroborar que el Corán es auténtico es simplemente confirmar que Dios mantiene Su palabra:

Yo he revelado el Corán y Yo soy su custodio. (Corán 15:9)





[1] www.egiptologia.org/ciencia/matematicas/papiro_rhind.htm
[2] youtu.be/ASwYosc6G08
[3] La presencia del Islam en España durante casi 800 años permitió que el conocimiento islámico sirviera para el desarrollo del Renacimiento y la Ilustración en Europa; véase: mensajesenlaruta.blogspot.com.co/2010/02/el-renacimiento-empieza-en-cordoba.html
[4] Muchos avances tecnológicos que disfrutamos hoy en día, tuvieron su origen en la civilización musulmana; véase: mensajesenlaruta.blogspot.com.co/2010/05/inventos-musulmanes-que-dieron-forma-al.html
[5] www.uv.es/relieve/v12n2/RELIEVEv12n2_6.htm
[6] Denzin, N. The Research Act in Sociology. Chicago: Aldine. 1970.
[7] Okuda Benavides, Mayumi; Gómez-Restrepo, Carlos. Métodos en investigación cualitativa: triangulación. Revista colombiana de psiquiatría, vol. XXXIV, núm. 1, 2005, pp. 118-124. Bogotá.
[8] Por ejemplo, durante siglos la Iglesia Católica Romana prohibió que la Biblia fuera traducida a cualquier lengua que no fuera el latín (desconocida por el vulgo), y hasta el Concilio Vaticano Segundo del siglo XX, la Iglesia prohibía a los fieles tener una copia de la Biblia en casa.
[9] www.islamweb.net/esp/index.php?page=articles&id=144472
[10] www.islamreligion.com/es/articles/19/la-preservacion-del-coran-parte-1-de-2/
[11] Todos los musulmanes recitan partes del Corán, de memoria, en cada una de las cinco oraciones que realizan cada día, y en tres de esas oraciones diarias, el Corán es recitado en voz alta.
[12] islamqa.info/es/10012
[13] www.madrimasd.org/revista/revista31/tribuna/tribuna2.asp
[14] www.islamreligion.com/es/articles/22/conozca-al-profeta-muhammad/
[15] www.islamreligion.com/es/articles/2691/historia-del-coran-parte-3-de-4/
[16] www.monografias.com/trabajos102/como-aprender-hacer-triangulacion-investigacion/como-aprender-hacer-triangulacion-investigacion.shtml
[17] www.islamreligion.com/es/articles/18/la-preservacion-del-coran-parte-2-de-2/
[18] www.islamreligion.com/es/articles/180/la-biografi-de-muhammad-parte-12-de-12/
[19] www.islamreligion.com/es/articles/2703/historia-del-coran-parte-4-de-4/
[20] www.islamreligion.com/es/articles/18/la-preservacion-del-coran-parte-2-de-2/
[21] www.islamreligion.com/es/articles/653/viewall/que-es-la-sunnah-parte-1-de-2/
[22] www.ecured.cu/Triangulaci%C3%B3n_(Metodolog%C3%ADa)
[23] Imam Bujari. Al adab al mufrad. Capítulo 144, jadiz #308. UK Islamic Academy.
[24] mensajesenlaruta.blogspot.com.co/2010/09/no-hay-islam-sin-sunna.html
[25] www.islamreligion.com/es/articles/317/viewall/breve-historia-del-islam-parte-1-de-5/
[26] www.islamreligion.com/es/articles/226/viewall/una-breve-biografi-sobre-las-madres-de-los-creyentes-parte-1-de-2/
[27] live.islamweb.net/esp/espanol_books/es_straight_caliphs.pdf
[28] islamqa.info/es/5523
[29] Véase: www.islam-guide.com/es/  y también: www.islamreligion.com/es/articles/548/el-milagroso-coran-parte-10-de-11/
[30] Véase: www.eajaz.org/eajaz/index.php?lang=es

martes, 6 de octubre de 2015

El Islam, su libro y su profeta

EL ISLAM, SU LIBRO Y SU PROFETA

Reproduzco a continuación la parte introductoria a la traducción del Sagrado Corán hecha por el Lic. M. Isa García (disponible en islamhouse.com/es/books/735228). Es un texto que de manera resumida y muy breve, pero completa y clara, expone qué es el Islam, de qué trata su libro sagrado, y quién fue su Profeta.

El Corán y su historia


En la novela futurista Farenheit 451, un grupo de disidentes se oculta en los bosques para preservar libros. Su misión: mantener en sus memorias la mayor cantidad de textos posible, pues el gobierno los está quemando todos y pronto ya no quedará ninguno. Si eso ocurriera en nuestra realidad actual, solo un libro en todo el mundo tendría su supervivencia e integridad aseguradas, pues ha sido transmitido oralmente en una cadena ininterrumpida de memorizadores durante más de 14 siglos, y en la actualidad, decenas de miles de personas lo saben y lo recitan de memoria a diario por todo el planeta. Ese libro es el Corán.

Históricamente la poesía árabe ha sido famosa por su belleza, los árabes siempre han tenido fama de grandes oradores. Sin embargo, muchos poetas árabes y mucha gente del común, acostumbrados a escuchar a diario en plazas y calles lo mejor de la poesía y la oratoria del mundo, lloraban conmocionados por la belleza y la fuerza incomparables del Corán cuando era recitado. Aún en nuestros días, musulmanes y no musulmanes en todo el mundo, incluso aquellos que no conocen el idioma árabe, se estremecen al escuchar la recitación del Corán. Un libro que no vale por la calidad de la tinta o del papel en que esté impreso ni por la antigüedad de su edición, sino por la fortaleza y actualidad de su mensaje.

La fuerza del mensaje coránico se ve reflejada en múltiples cosas: en la forma en que logró que las tribus árabes dejaran de combatir entre sí y se unieran en el primer Estado en la historia de Arabia, y cómo convirtió a ese Estado en la civilización más avanzada e importante del mundo en menos de un siglo; en la forma en que animó el desarrollo de las ciencias y la tecnología, en una época en que toda Europa vivía sumida en el oscurantismo; en el impacto profundo que tuvo en la vida de personalidades como Goethe, Malcolm X, Cat Stevens, y el padre de la patria andaluza, Blas Infante. En la forma en que un puñado de comerciantes honestos convirtió a Indonesia en el país con mayor cantidad de musulmanes hoy día, mostrando con su ejemplo las bondades de vivir de acuerdo a las enseñanzas del Corán.

Durante la Edad Media, cuando los ejércitos en todo el mundo tenían por norma saquear las ciudades que tomaban y asesinar a su población sin distinguir entre hombres, mujeres, niños y ancianos, ocurrieron tres acontecimientos históricos que son contundentes para mostrarnos el poder del Corán. El Profeta Mujámmad, Saladino y el sultán Mehmed II, conquistaron respectivamente La Meca (630 d.C.), Jerusalén (1187 d.C.) y Constantinopla (1453 d.C.), y cuando entraron a reclamar la victoria no saquearon las ciudades, y fueron incluso más allá, respetando la vida y propiedades de sus habitantes de diferentes credos. Todo esto siglos antes de que la convención de Viena escribiera el Derecho Internacional Humanitario.

También encontramos en el Corán información científica sorprendentemente exacta, que ha venido siendo corroborada por la ciencia moderna y que ha inspirado a científicos importantes a incluir versículos coránicos en sus conferencias. Entre ellos se cuentan el Dr. Persaud, ganador del premio J.C.B. Grant, otorgado por la Asociación Canadiense de Anatomistas; el Dr. Marshall Johnson, expresidente de la Asociación Teratológica de Estados Unidos; el Dr. Keith Moore, expresidente de la Asociación Americana de Anatomistas Clínicos; el Dr. Tejatat Tejasen, exdecano de la facultad de Medicina de la Universidad Chiang Mai en Tailandia; el Profesor Yashudi Kusan, exdirector del Observatorio Astronómico de Tokio en Japón; y el famoso cirujano francés Dr. Maurice Bucaille, autor del libro La Biblia, el Corán y la Ciencia, donde concluye que solo Dios pudo revelar el Corán.

El Corán incluye una amplia gama y diversidad de temas: historias de los profetas y de los pueblos de la antigüedad, lecciones morales, normas para llevar una vida sana, tranquila y honesta; leyes para construir una sociedad equitativa que asegure a todos sus miembros dignidad, seguridad y justicia; profecías, de las cuales algunas ya se han cumplido; datos científicos desconocidos por el ser humano hasta el siglo XX; una teología clara y sencilla, pero a la vez profunda y completa; descripciones de la vida en el más allá, palabras de consuelo para los creyentes, respuestas directas a las preguntas básicas que siempre han intrigado a la humanidad. Todo ello con una belleza poética y narrativa inigualable, tanto que en sus propias páginas el Corán reta a los seres humanos a crear un texto que pueda igualarlo.

Incluso el Quijote, considerado la mejor obra literaria jamás escrita, y las obras de Shakespeare, han sufrido plagio. Estos y muchos otros ejemplos comprueban que por muy grande que pueda ser un escritor, siempre es posible imitar su estilo, su obra, y confundir incluso a lectores expertos. Pero aunque muchas veces se ha intentado plagiar, imitar o incluso modificar el Corán, ha sido imposible.

La revelación de este libro sinigual comenzó con un evento perturbador. Mientras se encontraba solo en una cueva donde solía alejarse del mundo para rezar y reflexionar, el profeta Mujámmad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, sintió el abrazo asfixiante de un ser brillante que lo tomó por sorpresa. Sin posibilidad de escape y sintiéndose cerca de la muerte, escuchó a este ser darle una orden: “¡Lee, en el nombre de tu Señor!”

Ese fue el primer versículo coránico en ser revelado, que corresponde al capítulo 96, versículo 1. En un principio, temiendo ser tomado por loco, no habló de lo ocurrido más que con su esposa Jadiya, que lo escuchó con paciencia mientras él temblaba de miedo entre sus brazos. Ella fue la primera en reconocer que se trataba de un mensaje de Dios, y fue la primera persona que creyó en la profecía de Mujámmad, incluso antes que el propio Mensajero.

El ser que había atemorizado al Profeta no era otro que el ángel Gabriel, el mismo que le había anunciado a María que sería la madre virgen de un profeta creado por Dios en su vientre: Jesús. La historia de Jesús y su madre también sería revelada como parte del Corán, en el capítulo 19, titulado “María”.

El ángel volvió a presentarse ante Mujámmad muchas veces para transmitirle el mensaje divino. El Corán fue revelado de manera paulatina durante los siguientes 23 años, tiempo en que los seguidores del Profeta llegaron a ser más de cien mil. Gradualmente, la comunidad de musulmanes no solo creció en número, sino que fue tomando forma de nación y de Estado, hasta convertirse en la civilización más influyente de la Tierra.

Menos de un siglo después de la muerte del Profeta, el mensaje coránico había llegado a todo Oriente Medio, el norte de África, Asia central hasta China e India, y la Península Ibérica. Hoy día, el Corán es el Libro Sagrado de más de 1.300 millones de musulmanes, que lo recitan durante sus cinco oraciones diarias en todo el mundo.

Si bien el Corán fue revelado en árabe y la nación islámica se formó originalmente en Arabia, actualmente los musulmanes árabes son menos del 20% de todos los musulmanes del mundo. Datos recientes han revelado que existen más musulmanes en Alemania que en el Líbano, y más en Rusia que en Jordania y Libia juntas, superando los 6 millones en Francia. Desde la década de 1970, el Islam se ha mantenido como la religión de mayor crecimiento en el mundo, y el Vaticano ha reconocido que desde 2006 el Islam tradicional (Sunismo) se ha convertido en la denominación religiosa con mayor número de fieles en el planeta, dejando al Catolicismo Romano en segundo lugar. En América Latina y el Caribe el Islam crece a diario, especialmente entre la población femenina, y es también la religión de más rápido crecimiento entre la comunidad latina de Estados Unidos.

Por todo el globo, en cada comunidad islámica hay musulmanes que han aprendido de memoria fragmentos del Corán en árabe, y en muchas de ellas hay al menos un musulmán que lo ha memorizado por completo, convirtiéndolo en el libro más leído y memorizado en la historia. También han aparecido a lo largo de la historia, traducciones de su mensaje a más de 100 lenguas.

Recopilación y preservación del Corán


A medida que el Profeta Mujámmad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, iba recibiendo la revelación divina, sus escribas la iban poniendo por escrito en diferentes materiales: cuero, cortezas de árboles, huesos… Al mismo tiempo, el Profeta recitaba a sus seguidores cada nueva parte revelada, recitaba diferentes fragmentos del Corán todos los días durante las oraciones, y todos los años durante el mes de Ramadán recitaba en público lo que le había sido revelado hasta ese momento. Muchos de quienes lo escuchaban, escribían partes del Corán, y muchos otros lo memorizaban.

Cuando él murió, existían muchos fragmentos escritos del Corán, también había docenas de musulmanes que lo sabían de memoria. Uno de ellos era Zaid ibn Zabit, quien fue escriba del Profeta. Por órdenes de Abu Bakr, primer califa de la nación islámica, Zaid encabezó un comité que se encargó de reunir todos los fragmentos existentes del Corán, corroborarlos con los memorizadores más prominentes, y poner el texto por escrito en forma de libro. Este primer manuscrito fue terminado y aprobado por los compañeros del Profeta unos dos años después de su muerte.

Aproximadamente diez años después de esta compilación, el tercer califa, Uzmán, convocó al mismo Zaid a formar parte de otro grupo de compañeros del Profeta y memorizadores del Corán, quienes tomaron este manuscrito e hicieron varias copias del mismo, que fueron distribuidas por todo el vasto territorio islámico. Algunas de esas copias se conservan aún en el museo de Tashkent en Uzbekistán, en el museo de Topkapi en Turquía, y dos en Egipto, en la mezquita Al Husein y en la Biblioteca Nacional. Otra fue conservada en Siria hasta 1892 cuando un incendio la destruyó, pero para entonces ya se habían hecho copias de la misma.

Diferentes personas y organizaciones han comparado, a lo largo del tiempo, estas copias con manuscritos antiguos de diferentes épocas y ediciones recientes del Corán, comprobando una y otra vez que el texto coránico que hoy se recita a diario en las mezquitas de todo el mundo, es exactamente el mismo que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, enseñó a sus compañeros, que Dios esté complacido con ellos.

El Corán no solo ha sido preservado intacto en su forma escrita, sino que siempre han existido memorizadores que lo han transmitido de forma oral, enseñando no solo su contenido sino las formas correctas de recitarlo. Además, también se ha registrado y preservado la vida del Profeta Mujámmad, quien siempre vivió en estricto cumplimiento del texto coránico. Cuando comparamos las copias escritas del Corán con las recitaciones trasmitidas de generación en generación, y con las tradiciones del Profeta, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, encontramos una coherencia y unidad que nos comprueban, sin lugar a dudas, que el Corán no ha sufrido alteración alguna.

El Islam y sus pilares


“Lee”. Con esa orden directa, se inició una nueva etapa en la vida de toda la humanidad. En una cueva oscura, en el interior de una montaña en medio del desierto, la voz del ángel Gabriel retumbó repitiendo las palabras de Dios: “Lee, en el nombre de tu Señor”. Nadie podría haber sospechado que en ese instante cambiaba el curso de la historia del hombre.

Pero ese no fue el inicio del Islam. El Islam comenzó con la creación del universo. Como concepto, Islam significa someterse a la voluntad de Dios. Es lo que han enseñado todos los profetas, de Noé a Abraham, de Moisés a Jesús. El mensaje del Islam ha sido el mismo desde el inicio del tiempo, y permanecerá inalterado hasta su final: solo existe un Dios, Uno y Único, y solo a Él debemos alabar y pedir ayuda, pues toda fuerza proviene de Él y nada ocurre en el universo sino por Su voluntad.

Con la revelación del Corán se recuperó el mensaje y el espíritu originales de las revelaciones anteriores (la Tora, los Salmos y el Evangelio), y la religión eterna de Dios recibió el nombre de Islam. Desde entonces, Dios nos anuncia que Mujámmad es Su último enviado, Sello de la Profecía, y que el Corán es Su última revelación, que Él mismo mantendrá preservada hasta el Día del Juicio.

El Islam no es, en sentido estricto, una religión; más bien es una forma de vida. Como toda religión, establece la moral y la creencia, y regula en buena parte el comportamiento y modales de las personas que la siguen. Pero a diferencia de las demás religiones, el Islam establece también un sistema político y de gobierno, un sistema financiero y económico, un sistema social, una filosofía de vida, unas políticas de preservación medioambiental, todo enmarcado en principios universales de respeto a la vida, la dignidad y la propiedad de las personas, de cooperación, solidaridad y justicia entre los hombres y entre las naciones, de trato amable hacia todas las personas (incluyendo los enemigos) y los animales, y de obediencia estricta a las leyes de Dios.

La primera palabra de la revelación del Corán enmarca el espíritu islámico de amor por el conocimiento. El Islam enseña que la fe no puede ser ciega, sino que tiene que nacer y fortalecerse con el conocimiento. No hay mayor enemigo de los pueblos, ni mayor amigo de los tiranos y los opresores, que la ignorancia. Y nadie está en mayor peligro de caer en fanatismos y extremismos que quien cree algo a ojos cerrados, incluso en contra de su propia lógica.

“Lee”. Conoce tu religión y practícala, conoce tus derechos y exígelos, conoce tus obligaciones y cúmplelas; aprende qué es lo bueno, hazlo y promuévelo; aprende qué es lo malo, condénalo y aléjate de ello. Tal es la importancia de esta orden, que cuando el Profeta Mujámmad se vio obligado a combatir para defender a su comunidad y tuvo que afrontar el asunto de los prisioneros de guerra, en un acto sin precedentes en la historia, ordenó a sus hombres que liberaran a todo aquel que enseñara a leer y escribir a cinco musulmanes.

El conocimiento, además, nos une. Los musulmanes tenemos un objetivo en común: servir a Dios. Nos alejamos de las mismas cosas: de aquello que Dios ha prohibido. Buscamos realizar a diario las mismas cosas: aquello que agrada a Dios. Bebemos de la misma fuente del conocimiento: el Corán y las tradiciones auténticas del Profeta Mujámmad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él. Cuando un musulmán se orienta hacia La Meca y comienza a recitar en árabe el primer capítulo del Corán mientras realiza su oración, puede estar seguro de que en ese mismo instante, en diferentes lugares del mundo, otros musulmanes están orientados hacia el mismo lugar, pronunciando exactamente las mismas palabras, mientras rezan de la misma forma que él.

Al crearnos, Dios nos dio alma así como cuerpo. Por ello, el Islam descansa sobre seis pilares de la fe, que deben estar presentes en el alma y el corazón del musulmán, y sobre cinco pilares prácticos de adoración a Dios y servicio al prójimo, que el musulmán debe cumplir con su cuerpo y su mente. Sin los primeros, la adoración se convierte en una serie de rituales vacíos, carentes de sentido, meros ejercicios físicos. Y sin los segundos, la fe se convierte en palabras huecas, pues no se manifiesta externamente y, por tanto, es incapaz de transformar la vida y la sociedad del creyente.

Los seis pilares de la fe son:

Creer en Dios, glorificado y alabado sea, Creador de todo cuanto existe, indivisible, Quien no tiene copartícipes ni asociados, es Dueño y Señor de la creación y no comparte Su Señorío; no ha engendrado ni ha sido engendrado, no necesita de nada ni de nadie y todos necesitamos de Él; no hay nada ni nadie que Se le asemeje, todo proviene de Él, y por lo tanto solo Él merece ser adorado.

Creer en los ángeles, criaturas de luz creadas por Dios para servirlo, que la paz sea con todos ellos. No tienen libre albedrío, por lo que les es imposible rebelarse contra Él.

Creer en los libros revelados. Dios ha revelado a los seres humanos Su mensaje y Sus leyes muchas veces en la historia. Entre los libros que Dios ha revelado están la Tora, los Salmos, el Evangelio, y muchos otros que no conocemos. Sin embargo, todos estos libros han sido modificados, alterados y tergiversados con el paso del tiempo, por lo que solo el último de ellos, el Corán, es la palabra de Dios, pues es el único que se conserva inalterado.

Creer en los profetas. En todos los tiempos, Dios ha enviado profetas y mensajeros a todos los pueblos, y todos ellos proclamaron el mismo mensaje de unicidad del Creador. Desconocemos a la mayoría de ellos, pero sabemos que el último de los profetas, Mujámmad, siguió el mismo camino trazado por todos, incluyendo a Moisés y a Jesús, por lo que seguir a Mujámmad es seguir a sus antecesores.

Creer en el Día del Juicio. Esta vida es pasajera, estamos aquí para adorar y servir a Dios, y todos moriremos. Pero un día, seremos resucitados y tendremos que rendir cuentas ante Dios de todas nuestras obras. Ese día cada quien recibirá lo que merece, nadie será tratado con injusticia, y unos entrarán al Infierno, mientras otros entrarán al Paraíso.

Creer que todo proviene de Dios, lo agradable y lo desagradable. Nada ocurre sino con el permiso de Él, y ni un átomo del universo se mueve sino por Su voluntad. Él nos ha concedido el libre albedrío, pero en su infinito conocimiento lo sabe todo antes de que suceda. Él es Quien determina nuestro destino, y por ello, nadie puede beneficiarnos ni perjudicarnos más allá de lo que Él decreta para cada uno de nosotros.

Los cinco pilares prácticos de adoración son:

La declaración de fe: Una persona ingresa al Islam al decir de forma libre y consciente lo siguiente: “Atestiguo que no existe divinidad salvo Dios, y atestiguo que Mujámmad es Su siervo y Mensajero”. Esta profesión de fe es repetida por los musulmanes a diario en sus oraciones y otras actividades. Decir esto implica abandonar cualquier acto de culto a santos, ídolos, ancestros, líderes o criaturas, y adorar solo a Dios Todopoderoso. Implica también que aceptamos a Mujámmad como Mensajero de Dios, como nuestro guía, y al aceptarlo a él se aceptan todos los profetas y mensajeros anteriores.

La oración: Es obligación realizar cinco oraciones diarias (al alba, a mediodía, a media tarde, al ocaso y en la noche). La oración debe realizarse siguiendo unos pasos rituales específicos y tras una purificación ritual. El creyente puede, además, realizar oraciones voluntarias durante el día o la noche. La oración puede realizarse en solitario o en comunidad, en la mezquita o en cualquier lugar limpio que no sea utilizado como lugar de adoración a deidades falsas.

El zaká o azaque: El pudiente está obligado a entregar un 2.5 % de su ahorro anual para obras de caridad. El zaká garantiza la redistribución de la riqueza, una preocupación reciente en el mundo occidental, pero que está contemplada desde hace más de 1.400 años en el Islam. Adicional al zaká, el Islam anima a los creyentes a brindar caridad a diario. La caridad no se entiende solo como un asunto monetario. Siempre que el musulmán ayuda a otra persona, busca su bienestar incluso con una sonrisa, está haciendo caridad. El trabajo en pos del bienestar colectivo, como retirar obstáculos de un camino o poner anuncios de peligro para evitar accidentes, también se considera una forma de caridad.

El ayuno: Es obligación ayunar durante todo el mes de Ramadán cada año (el noveno mes del calendario lunar islámico). El ayuno se realiza cada día desde el alba hasta el ocaso, pudiéndose comer y beber durante la noche. El ayuno purifica el cuerpo, fortalece la voluntad y ayuda al creyente a concientizarlo por experiencia propia sobre lo que sienten a diario los más necesitados. Ayunar y romper el ayuno en comunidad, compartiendo el hambre durante el día y la comida durante la noche, estrecha y fortalece los lazos sociales y familiares. También se pueden realizar ayunos voluntarios en otras épocas del año.

La peregrinación a La Meca: Todo musulmán y toda musulmana que esté en capacidad física, mental y económica de realizar la peregrinación, debe hacerla al menos una vez en su vida. Esta es la mayor peregrinación religiosa del mundo, cerca de tres millones de personas se reúnen en la Mezquita Sagrada de La Meca cada año y hacen la oración al unísono como parte de los rituales de la peregrinación.

“Lee”. No existen intermediarios entre el creyente y su Creador, por eso no hay clero en el Islam. El conocimiento está a disposición de quien lo busca, y es obligación de todo musulmán, hombre o mujer, buscarlo durante toda su vida. Pero no olvides lo esencial: “¡Lee, en el nombre de tu Señor!” No busques el conocimiento para tu gloria personal. Sé humilde y busca el conocimiento para agradar a Dios y trabajar por Su causa. Esa es la esencia de seguir el Islam, de ser musulmán.

El Profeta Mujámmad


“Lee”. La orden que cambió el curso de la historia fue dada por Dios, a través del ángel Gabriel, a un analfabeto. “No sé leer”, respondió aterrado Mujámmad, inocente del destino para el que había sido preparado toda su vida. “¡Lee, en el nombre de tu Señor, Quien ha creado todas las cosas!”, le replicó el ángel.

A sus 40 años de edad, el Profeta Mujámmad era muy conocido en su ciudad, La Meca. Todos sabían que era un comerciante exitoso y honrado, dirigente de caravanas, esposo de una rica empresaria mayor que él, y le tenían un profundo respeto. Lo apodaban “El Confiable” y era famoso por su honestidad y su habilidad para la mediación de conflictos. Su palabra valía más que cualquier contrato. Pero había una virtud que no poseía: a su edad, resultaba evidente para todos que Mujámmad no era un gran orador ni un poeta. Y sin embargo, un día, por un milagro que en un comienzo muy pocos aceptaron, Mujámmad superó a todos los grandes oradores y poetas, e hizo temblar la estructura social de La Meca desde sus cimientos, con una recitación tan excelsa, hermosa y magnífica, como revolucionaria y radical.

Los hombres no son más valiosos que las mujeres ni lo contrario. Los árabes no son mejores que los no árabes ni lo contrario. Los blancos no están por encima de los negros ni lo contrario. Los ricos tienen la obligación de ayudar a los pobres, las mujeres son libres de tener posesiones y comerciar, y todos tienen derecho a la educación y a una vida digna. No existe más que un único Dios verdadero, que no tiene forma humana, que no puede ser representado en forma alguna, y que es tan Compasivo como Justo, tan Poderoso como Benévolo, tan Severo como Amoroso. Y nadie, ni reyes ni profetas, ni artistas ni indigentes, ni sabios ni empresarios, absolutamente nadie está por encima de la Ley de Dios ni tiene derecho a cambiarla en lo más mínimo. Semejantes ideas convirtieron a Mujámmad y a sus compañeros en perseguidos.

Mujámmad nació en La Meca, Arabia, en el año 570 d.C., y quedó huérfano desde edad temprana. Pasó necesidades. Trabajó desde pequeño, fue pastor y se forjó una buena vida. A sus 40 años se encontraba en su mejor momento. Pero en cuanto comenzó a transmitir la revelación divina, la vida se le fue haciendo cada vez más difícil. Fue víctima de burlas, discriminación, insultos y distintos tipos de ataques, cada vez peores y más frecuentes. Él y sus compañeros fueron sometidos a hambruna, ostracismo y persecución. Luego comenzaron las torturas y los asesinatos de sus compañeros. La situación era tan grave, que el Profeta envió a un grupo de ellos a refugiarse en Etiopía, donde fueron protegidos por un rey cristiano.

Trece años después que comenzara la revelación del Corán, el profeta Mujámmad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, lo había perdido todo: su reputación arruinada, sus negocios destruidos, su esposa había muerto, su riqueza y propiedades confiscadas, algunos de sus compañeros habían sido asesinados y otros se habían exiliado, y su tío y único protector tribal acababa de morir. Ahora pendía sobre él una amenaza de muerte y solo le quedaba emigrar junto con sus seguidores, cuyo número apenas había excedido el centenar en trece años de prédica incansable y difícil. Si hubiera sido un profeta falso, a este punto de la historia ya se habría dado por vencido. ¿Qué objeto tenía insistir en una religión que en lugar de darle fama, poder y dinero, le había arrebatado todo lo que había logrado en su vida? Años atrás, los dirigentes de La Meca, el clan de los Curaichitas, le habían ofrecido nombrarlo su rey y convertirlo en el hombre más rico y poderoso de Arabia.

Pero Mujámmad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, no procuraba satisfacer sus gustos, sus deseos ni sus necesidades. No tenía afán de gloria o riqueza. Solo estaba cumpliendo con la misión que Dios mismo le había encargado, y estaba dispuesto a pasar por todas las penurias que Dios le pusiera en el camino. Así que a sus 53 años, el Profeta decidió emigrar con su gente. Setenta musulmanes viajaron hacia el oasis de Yazrib. Una vez que estuvieron allí a salvo, el Profeta se dirigió a su encuentro en compañía de su mejor amigo, Abu Bakr As Sidiq, quien lo sucedería tras su muerte como primer califa de los musulmanes. Fue un viaje duro a través del desierto, con sus enemigos persiguiéndolo de cerca. Este suceso, conocido como Hégira, marcó el inicio del calendario islámico.

Los pobladores de Yazrib cambiaron el nombre de la ciudad por el de Madinat un Nabí (la ciudad del Profeta) y allí el Profeta fundó el primer Estado islámico. Se convirtió en gobernante, y aun así llevó una vida austera, al punto de dormir en una estera de cuero rellena de hojas de palma. Bajo su mando, Madina se convirtió en una ciudad próspera en muy poco tiempo, y sus enemigos sintieron celos de su éxito y temor de que regresara a cobrar venganza.

Los Curaichitas se armaron y salieron a destruir a la nación musulmana. Con el permiso divino y siguiendo las normas estrictas relacionadas con la guerra que fueron reveladas en el Corán, los musulmanes organizaron para defenderse un pequeño ejército, que de manera milagrosa venció en la primera batalla a una fuerza que lo triplicaba y que estaba mucho mejor preparada y armada. Más tarde, tras cinco años de batallas, unas ganadas y otras perdidas, el Islam había crecido a tal punto que Mujámmad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, se presentó a las puertas de La Meca con un ejército de más de 10.000 hombres. Entró a la ciudad sin derramar una sola gota de sangre. Vio a la cara a aquellos que lo habían insultado, perseguido y atormentado durante años, los mismos que habían intentado asesinarlo, que habían ultrajado a sus compañeros y que habían enviado ejércitos en su contra. No tomó represalias contra ellos. Respetó sus vidas y sus propiedades, e incluso aceptó como hermanos a todos aquellos que decidieron abrazar el Islam.

Solo tres años después, enfermó y murió. Comerciante, líder religioso, estadista, maestro, juez, estratega militar, soldado, administrador, diplomático, amigo, esposo, padre, consejero, reformador, profeta, hombre. La vida de Mujámmad está detallada como la de ningún otro personaje de la historia. Una vida que es un modelo a seguir.

El astrofísico estadounidense Michael Hart publicó en 1978 su listado de las cien personas más influyentes de la historia. En el número uno ubicó al Profeta Mujámmad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él, por su tremendo éxito tanto en el campo secular como en el campo religioso. Este reconocimiento es uno de muchos que se vienen dando en el mundo occidental, que a pesar de la mala prensa que se le da continuamente al Islam, está valorando cada vez más sus enseñanzas y el ejemplo de vida del Profeta Mujámmad, que la paz y las bendiciones de Dios sean con él.

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